Relato corto: Newton


NEWTON

   
 Emprendí de nuevo el vuelo. Tenía todo el cuerpo húmedo. En especial, las alas. No soporto la lluvia. Menos mal que hallé aquella casa con la ventana abierta y me mantuve todo el tiempo ahí. Parecía no vivir nadie. Una vez terminada la lluvia, salí de mi escondite y volé. Por el camino me encontré algunos amigos de la zona.
- Cómo ha llovido, ¿eh?
- Y que lo digas.
Llevaba un buen rato volando y me sentía agotado. No solo por el trayecto, sino por el peso de las alas. Cuando se te humedecen, pesan más. Cogí un poco de altura y vi una casa con un jardín bastante bien cuidado. Me detuve en un árbol del jardín. Pero no me sentía a gusto en ese árbol. Demasiadas abejas. Fui moviéndome de rama en rama hasta toparme con un pequeño panal. A la izquierda había otro árbol. Este era más tranquilo. Además, tenía manzanas. Me hallaba en las ramas más bajas y me di cuenta de que abajo había un hombre. Estaba sentado en el suelo con la espalda apoyada en el tronco del árbol. El hombre parecía disfrutar del tiempo cálido que hacía, unido a la frescura dejada por la lluvia. Tenía entre sus manos papeles y una pluma con la que escriben los seres humanos. Parecía estar reflexionando. Enfrente de mí había una manzana muy bonita. La picoteé un poco, pero estaba muy ácida. Subí más ramas. La mayoría de las manzanas no estaban en muy buen estado. Me hallaba en la parte media, cuando vi una que parecía estar en buen estado. La picoteé con fuerza. Por desgracia, la manzana no era muy segura. El tronquito que unía la manzana a la rama estaba medio roto y mi picotazo lo desgarró aún más. ¡Dios mío, que no caiga! El crujido seguía y yo miraba impotente como se iba desgarrando. Finalmente, la manzana se desprendió y cayó en línea recta. Todo su peso se desplomó sobre la cabeza de aquel buen hombre. Temí por su vida. Pensé que cogería una piedra, miraría y con certera puntería, reventaría mi diminuto y pequeño cuerpo con la piedra. Temeroso, emprendí el vuelo. Debería tener más cuidado con lo que hacía. Por culpa mía, a aquel buen hombre le había caído la manzana en toda la cabeza. Antes de perderlo de vista, miré al hombre y me sorprendió lo que vieron mis ojos. Parecía estar contento. Miraba la manzana en sus manos con expresión alegre. Al menos, el golpe no había sido de gravedad.  

Autor: Daniel Jerez Torns
Derechos: Todos los derechos reservados. 
Código de registro propiedad intelectual: 1008267153193

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