La Ciudad de los Conceptos 8/53: Optimismo

Su sonrisa no decae nunca. Su luz brilla con intensidad. Unas tímidas gotas caen sobre su rostro, sin embargo no se queja, sabe que saldrá el sol después. Es así.
Se mueve con paso seguro. A medida que avanza por la calle, toca algún peatón. Sabe que su poder es grande, pero también frágil ante ciertos Soldados Sombríos.
Entra en un bar y se sienta en un taburete de la barra. Presta atención a las conversaciones: derrota, tristeza, poca confianza en el futuro.
Sin abandonar la sonrisa de su boca, se levanta y se dirige al lavabo. Posa sus manos en el espejo y se concentra. La superficie tiembla, se vuelve como líquida su imagen queda allí atrapada.
Espera. Al cabo de pocos minutos, aparece un hombre con una mirada cansada. Se lava las manos y se mira. No sabe por qué, pero se siente atrapado ante su imagen. Se ve a sí mismo como alguien que debe luchar. Un soplo de vitalidad recorre sus venas. ¿Qué ha pasado? No lo sabe, pero tampoco hay que preguntar. Hay que actuar. Sale del lavabo con proyectos y decisiones.
Una vez solo, el Guardián de la Llama recobra su forma. Sonríe. Él, el Optimismo, siempre piensa que hay una solución.
El ser humano tan solo necesita verse bien para saber de lo que es capaz, piensa.
La puerta se abre y él vuelve a esconderse en el espejo, preparado para abrirle los ojos a esa otra persona.


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