Reflexiones: Se acabó la quema de libros

De rebote, como suele ocurrir muchas veces navegando por Internet, he dado con una noticia del año 2009 que ha despertado mi curiosidad: Demanda a Amazon tras borrar "1984" de Kindle.
  
Por lo visto, Amazon elude que borró ciertos libros de clientes que no tenían los derechos de los mismos.
Según explica la noticia,  Justin Gawronski, de Michigan, había adquirido el libro por 0,99 dólares y lo estaba leyendo, tomando multitud de apuntes y notas en el mismo Kindle, cuando un día, al encenderlo, vio que Amazon se lo había borrado.
 
Resulta más que curioso (casualidades de la vida) que haya ocurrido justamente con esta excelente novela, crítica del sistema totalitario y represor. Es justamente en uno de sus ministerios, el de la Verdad, el que se encarga de manipular o destruir los documentos históricos de todo tipo (fotos, libros, periódicos). Aquellos contenidos que no gustan o no están acorde con el Estado, deben ser eliminados.
 
Esto me ha llevado a pensar en esas famosas y trágicas quemas de libros, como la perpetuada por los nazis en 1933 en Bebelplatz, donde se quemaron libros de autores censurados por el régimen. La mayoría eran escritores judíos, marxistas y pacifistas.
Otra quema famosa fue la biblioteca de Alejandría. También la destrucción de los manuscritos o códices mayas por parte el sacerdote Diego de Landa.
Ray Bradbury planteó una sociedad donde se queman los libros, ya que estos impiden al hombre ser feliz, porque leer llena de angustia. El título del libro es Fahrenheit 451, que es la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde (233º C).
 
Ahora, viendo esta noticia, uno piensa lo fácil que sería poder realizar estas tareas ante un futuro en el que el libro electrónico invadiera las casas, las bibliotecas y las universidades. Ya no es necesario acumular un pila de maderos viejos, soltar una cerilla y empezar a tirar los libros a la ferocidad del fuego.
 
Es más sencillo (y más limpio): tan solo habrá que apretar un botón y borrar aquellos libros que no interesen. El usuario verá desaparecer el libro y protestará, demandará y se indignará, pero ya está. ¿Cuántas injusticias asume el ciudadano sin que ocurra nada? Al cabo de un mes, se olvidará del incidente y tras un año, el libro no existirá en su mente.
¡Y que sencillo será modificar el contenido como el Ministerio de la Verdad! Quitas un párrafo del archivo (uno en el que hable mal del gobierno o una escena de sexo demasiado explícito).
 
No hay que plantearse a qué temperatura se inflama el libro electrónico. El verbo cambia de "quemar" a "borrar". Esa es otra diferencia entre el libro convencional y el electrónico. Suena menos agresivo, ¿verdad?
 
La noticia lleva a plantearnos otro asunto: las notas que se toman en el ebook, ¿son accesibles a la compañía que lo comercializa? En un ejercicio de imaginación pensé que las anotaciones que estaba tomando el chico sobre "1984" fueran demasiado incómodas políticamente hablando. La empresa lo lee y decide borrar el libro. Es ciencia-ficción, lo sé. Es como decir que nos manipulan con las noticias, ¿no?
 
Ciertamente, el libro electrónico ofrece muchas ventajas: ahorra espacio en la librería, es más ligero, cómodo de llevar, ahorra papel y por tanto se salvan más árboles (aunque más da si luego quemamos bosques como si nada), son más económicos (algunos). Esta claro que no tiene el encanto y la magia del convencional.
 
Yo reconozco que he sucumbido al libro electrónico, pero por si acaso, tomo notas en mi libreta, no sea que no guste a alguien.
 
Dejo esta cita interesante:
 
El escritor Heinrich Heine escribió en 1821 “Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos

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