2013



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- ¿Qué ocurre? ¿No me dejas ir?
- Sí, claro que sí. Es más, estoy deseando que te vayas, pero antes quería despedirme.
Sonrió, con cierto aire de insuficiencia, como si aquello fuera uno entre muchos.
- Ya, muy típico. Bien, te escucho.
Tardé unos segundos en reaccionar. Uno tiene claros los conceptos, lo que falta es saber encajar las palabras adecuadas a ellos. Suspiré.
- Sabes, ahora que te vas, veo que has sido muy duro. No, por favor, no quiero que rehuses tu responsabilidad aludiendo de que es el trece. Los números, al igual que las palabras, tienen el peso que tienen en base a lo que nosotros proyectamos sobre ellos -Cogí aire, notaba que se me hacía un nudo en la garganta- Ya sé que es absurdo preguntarlo, pero es inevitable. ¿Por qué? ¿Era necesario llevártelas? No. No respondas. Es preferible no oírlo. Te has llevado a dos seres queridos. Dos tías. Una vivía en Barcelona, la otra en San Fernando. Duele mucho, ¿sabes? -Hice una pausa para recuperarme. Él me miraba con temor y ¿tristeza?- Ya sé que el paso del tiempo nos obliga a mirar de frente a la muerte, pero no por eso lo hace menos dolorosa. Eran dos personas luchadoras, enérgicas y llenas de vitalidad. Pero sabes, no se han ido, pues el recuerdo de ellas te sobrevivirá a tí. Sí, tú te vas y no nos acordaremos de tí, pero sí de mis tías. 
- Lo sé.
- Ya. Mira a tu alrededor. Has seguido manteniendo la crisis, guerras, epidemias, catástrofes,... No eres diferente a los demás.
- ¡Acaso te crees que no me doy cuenta! 
Le miré con cierta conpasión. Tenía que romper una lanza a su favor.
- Bueno, por otra parte, he de reconocer que conseguí vender dos ediciones de mi novela El arcabucero nº 61, que Aitana ha empezado una nueva etapa con el colegio y disfruta mucho y que fuimos a Londres y hace poco a esquiar. 
Su expresión se relajó un poco. Se hizo un silencio incómodo, de esos que nadie sabe como romper.
- Siento...
- Por favor, vete -Le corté-. Acabemos cuanto antes. Has sido duro, cruel e insensible.
Le vi alejarse poco a poco, con paso vacilante. Miró atrás, como esperando una oportunidad, pero yo ya apretaba la mano de su compañero y le hacía pasar adentro. 
No sé nada más de él. Y así debe ser. Ahora, toda mi atención es para él, el 2014.

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